Revista MP

Enseña a tus hijos el valor de Compartir

Escrito el 08/05/2019
Maritchu Seitum


¡Cómo nos gustaría que nuestros hijos compartan! Y que aprendan a hacerlo desde chiquitos… Ya sean los juguetes cuando vienen primos o amigos, a mamá cuando tenemos un bebé más chiquito, los caramelos, etc. Compartir… Es algo que se enseña y se aprende. Algunos consejos.

El camino de compartir empieza en la entrega de la persona de mamá: en la medida en que ella (u otra figura de apego) se brinde a su bebé, y lo haga sentir su dueño él va a poder un día compartirla. Podrá dejarla ir de a ratos a medida que tenga el tiempo suficiente la experiencia de que su mamá le pertenece. Porque antes de poder compartirla tenemos que poseer a mamá.



Al comienzo es un poseer físico que se va internalizando (ella se va “metiendo” adentro del chiquito) y, después, ya no necesitan estar todo el tiempo con mamá porque la tienen con ellos en el recuerdo de todas las cosas que compartieron, y también con la certeza de que ella sigue disponible para cuando la necesiten, tras muchas experiencias en las que pudieron comprobarlo.

Antes de los tres años, un niño puede estar jugando tranquilamente junto a mamá si ella no está haciendo otra cosa, aunque no juegue con él,pero basta con que atienda el teléfono, o se ponga a ordenar, o a leer o preste atención a otra persona y deje de estar deje cien por ciento disponible, para que el niño proteste y la reclame. Esto ocurre porque todavía está en proceso de internalizar su figura y le cuesta aceptar que no sea su propiedad exclusiva.



¿Tiene que estar esa mamá disponible durante esos tres años todo el tiempo? No, pero tiene que ofrecer muchos y variados ratos de disponibilidad plena y entrega hasta que el hijo se colme, se “llene” de mamá.

Los chicos se van a acercar una y otra vez, aun cuando crezcan, a veces porque nos necesitan, o para hacer una nueva “prueba de disponibilidad” del adulto, y seguramente lo hagan en situaciones difíciles para nosotros (o quizás también en otros momentos pero en estos nos damos cuenta porque nos cuesta entregarnos): cuando estamos saliendo tarde para algún lado, cuando nos queremos ir a la cama, cuando empieza nuestra novela favorita. Son dosis de refuerzo de posesión de mamá que -como las vacunas- buscan reforzar el vínculo en momentos de necesidad o de separación, y surgen en infinidad de momentos de la infancia, adolescencia e incluso en la adultez.

Tener este concepto claro nos va a ayudar a dejarnos poseer de a ratos y a no enojarnos con esos deseos de apropiación exclusiva de nuestros hijos, y de ese modo nuestra actitud va a facilitar mucho el despegue, porque si la mamá cada vez que el hijito se acerca y la “atrapa” se enoja, o lo echa, o le explica que no corresponde, a él le va a dar más inseguridad y la va a querer atrapar más fuerte, en un círculo vicioso complicado.